17 mar. 2009

GUSTAVO MUGNI




Querido Negro:
Quisiera aprovechar estas líneas para contar algunas de las cosas que nos has dejado a todos los que hemos compartido tantos momentos junto a vos.
Me pregunto cómo va a ser posible enunciar tu trayectoria sin bajar la guardia y entristecernos por tu ausencia. Pero como te conozco, y como sé que este tipo de cosas no te gustaban, voy a intentar recorrer algunos momentos de tu vida, apelando a esa mirada tan optimista y tan positiva que tenías sobre todo lo que te rodeaba.
Seguramente quien mejor te definió como jugador fue un querido entrenador y referente para vos, el Viejo, Armando de los Santos, quien siempre repetía la frase, “yo jugaba con Mugni y cuatro más”. Fuiste un tipo con temperamento, un conocedor del juego, un exquisito técnicamente que tenías la frialdad de saber qué hacer con el balón en el momento que nadie sabía. Irradiabas la confianza que necesitaba tu equipo para sentirse seguro de poder alcanzar la victoria. Pasaste por varios clubes, Gimnasia, Platense, Atenas, CEyE y la Selección de La Plata en todas sus categorías, pero fue sin duda Náutico de Ensenada el club de tus amores.
Tu pasión por el básquetbol no se agotó en tu etapa como jugador, como entrenador lograste sintetizar todas esas experiencias de una manera magistral. Conseguiste estamparle tu impronta a la profesión, pudiste hacer de lo que más amabas un trabajo, al cual ni siquiera podías considerarlo como tal porque te gustaba demasiado. Nunca te escuché decir “voy a laburar”, siempre fue insuficiente el tiempo para cada uno de tus entrenamientos. Quienes te vimos en un gimnasio, no podíamos imaginarte haciendo otra cosa que no fuese enseñando básquetbol.
Tu primer equipo fue Deportivo La Plata, y ya en ese entonces dejaste tu marca distintiva, la defensa. Con poco generabas mucho, y tu mano se veía en cada situación de juego. Luego fue Náutico, siguió CEyE de Berisso, Reconquista, Estudiantes, Platense, Mayo, Universitario y finalmente Universal. Pero si alguna etapa puede sintetizar tu carrera, fue tu paso por la Selección de La Plata. Fueron algo más de diez años, diez de los mejores años de tu vida. La Plata, que había olvidado el podio en los últimos 25 años, volvió a renacer y a ganarse el respeto de toda la Provincia de la mano un técnico como vos. En el año 97, nos coronaste campeones después de mucho tiempo, con un equipo que quedará en el recuerdo porque tenía tu sello; una defensa apremiante, un juego ordenado y la intensidad de todos tus equipos. El premio a tu logro fue ser designado como asistente técnico de la Selección de Provincia de Buenos Aires en el Campeonato Argentino del año siguiente. Y más tarde, serlo también de la Selección Argentina de Cadetes, siempre ganándote el respeto y el afecto de todos los colegas y jugadores.
Y cuántas cosas seguramente quedan en el tintero, los campamentos de básquetbol con Guillermo Vecchio, la innumerable cantidad de cursos y disertaciones que brindaste al resto de los entrenadores, pero no es necesario contarlo, vos hacías una clínica de cada una de tus prácticas. Por algo la Escuela Nacional de Entrenadores de Básquetbol de La Plata lleva tu nombre, no sólo por lo que luchaste para crearla. Qué más añadir a tu trayectoria, si cada paso que diste se ha convertido en una anécdota para todos nosotros. Por tu capacidad de nuclear a la gente, de escucharla, de acompañarla, de generar buenos momentos, de brindarnos hasta lo que no tenías.
Y finalmente, ante lo irremediable de tu ausencia, saber que seguís estando entre nosotros. Por eso, querido Negro, sólo basta acordarnos de tus palabras, y pensar qué hubieras hecho vos en esta situación que nos toca vivir, eso nos calma, nos serena, nos da tranquilidad. Con la certeza de saber que nos estás cuidando, a los que te queremos, a tu hermosa familia, aprendiendo a convivir con tu recuerdo, que lejos de desvanecerse se hace cada día más presente en lo cotidiano.

Javier